Sin embargo, el verdadero punto de inflexión fue escuchar activamente a nuestros primeros clientes. Sus necesidades y valiosos consejos no solo nos sirvieron para adaptarnos, sino que moldearon la empresa. Esta retroalimentación constante impulsó una transformación integral que mejoró:
La Experiencia de Compra: Renovamos la exhibición y modernizamos los equipos.
La Imagen: Reforzamos la identidad visual de la tienda.
El Servicio: Implementamos la contratación de personal y profesionalizamos la atención personalizada (servicio 1 a 1) que nos caracteriza hoy.
Así, lo que comenzó como un pequeño emprendimiento familiar se convirtió, paso a paso, en un negocio centrado en la calidad del producto y la excelencia en el servicio al cliente.